Gurdjieff Vaidade
Visões do Mundo Real — SOBRE A VAIDADE E O AMOR-PRÓPRIO
PRIEURE, 13 DE FEBRERO, 1923
Dije que tenemos muchos enemigos independientes, pero los principales y más activos son la vanidad y el amor propio. Una enseñanza hasta los llama representantes y mensajeros del diablo mismo.
Por alguna razón también se les llama señora Vanidad y señor Amor Propio.
Como he dicho, hay muchos enemigos. He mencionado sólo estos dos como los más fundamentales. Por el momento sería difícil enumerarlos todos. Seria difícil trabajar directa y específicamente en cada uno de ellos, y tomaría demasiado tiempo ya que hay tantos. Así es que tenemos que habérnoslas con ellos indirectamente para liberarnos de varios a la vez.
Estos representantes del diablo se mantienen incesantemente en el umbral que nos separa del mundo exterior, e impiden la entrada no sólo a buenas, sino también a malas influencias externas. De modo que tienen un lado bueno, como también un lado malo.
Para un hombre que desea discriminar entre las influencias que recibe, es una ventaja tener estos guardianes. Pero si quiere que entren todas las influencias, sin importar lo que puedan ser —pues es imposible sólo elegir las buenas— debe liberarse lo más posible, y finalmente por completo, de estos guardianes, que algunos consideran indeseables.
Para esto hay muchos métodos y un gran número de recursos. Personalmente, yo les aconsejaría que traten de liberarse y hacerlo sin teorizar innecesariamente, por simple razo- namiento activo consigo mismos.
A través de un razonamiento activo, esto es posible, pero si alguien no tiene éxito, si no lo logra a través de este método, no quedan otros recursos para lo que vendrá después.
Tomen, por ejemplo, el amor propio, que ocupa casi la mitad de nuestro tiempo y de nuestra vida. Si alguien o algo ha ofendido a nuestro amor propio desde afuera, entonces no sólo en ese momento sino durante mucho tiempo después, esto, por inercia, cierra todas las puertas y por lo tanto impide que entre la vida. Cuando estoy conectado con el exterior, vivo. Si sólo vivo dentro de mí, esto no es vida; sin embargo, todo el mundo vive así. Cuando me examino a mí mismo, me conecto con el exterior. En realidad, el secreto y la causa de todas esas cosas estriba en el hecho de que no somos dueños de nosotros mismos, ni tampoco poseemos un genuino amor propio. El amor propio es una gran cosa. Si consideramos al amor propio como generalmente lo entendemos, como reprobable, entonces se desprende como consecuencia que el amor propio verdadero —que desgraciadamente no poseemos— es deseable y necesario.
El amor propio es señal de una elevada opinión de uno mismo. Si un hombre tiene este amor propio, esto demuestra lo que él es.
Como hemos dicho antes, el amor propio es el representante del diablo; es nuestro enemigo principal, el mayor freno a nuestras aspiraciones y a nuestros logros. El amor propio es el arma principal del representante del infierno.
Pero el amor propio es un atributo del alma. Mediante el amor propio uno puede vislumbrar el espíritu. El amor propio indica y demuestra que un determinado hombre es una partícula del cielo. El amor propio es Yo; Yo es Dios. Por lo tanto es deseable tener amor propio.
El amor propio es el infierno y el amor propio es el cielo. Estos dos, que llevan el mismo nombre, son semejantes por fuera, pero totalmente diferentes y opuestos uno al otro en su esencia. Sin embargo, si miramos superficialmente, podemos seguir mirando durante toda nuestra vida sin jamás distinguir el uno del otro.
Existe un dicho: “Aquel que tiene amor propio está a medio camino de la libertad”. Sin embargo, entre los presentes, cada uno está rebosante de amor propio. Y a pesar del hecho de que estamos llenos de amor propio hasta el borde, no hemos logrado todavía ni una pizca de libertad. Nuestro propósito debe ser tener amor propio. Si tenemos amor propio, por este mero hecho nos liberaremos de muchos enemigos en nosotros. Hasta podemos llegar a estar libres de estos dos enemigos principales: el señor Amor Propio y la señora Vanidad.
¿Cómo podemos distinguir entre una y otra clase de amor propio? Dijimos que superficialmente es muy difícil. Esto es así cuando miramos a otros; cuando nos miramos a nosotros mismos es todavía más difícil.
